España es el país del mundo donde más se percibe la fragmentación interna, según una macroencuesta sobre retos y desafíos de futuro elaborada por el Grupo AXA e Ipsos en quince países. El estudio, basado en las respuestas de 23.000 personas y 3.000 expertos, revela que el 58% de los españoles considera que la sociedad está dividida en grupos con intereses divergentes, muy por encima del promedio global del 39%.
La encuesta, presentada en primicia en el Campus Castellana de la Universidad Camilo José Cela durante un encuentro organizado por el Foro Periodismo 2030 y la Fundación AXA, señala que esa fractura se atribuye principalmente a las crecientes diferencias políticas e ideológicas. Josep Alfonso, director general de la Fundación AXA, añadió que “las tensiones derivadas de la inmigración, la integración cultural y el aumento de las desigualdades sociales profundizan esta percepción”. Aun así, España destaca entre los países europeos por su visión positiva de la inmigración: el 47% de los expertos nacionales y el 40% de la población cree que fomentar la migración ayudaría a mitigar el envejecimiento demográfico.
El encuentro, celebrado en el marco del 25º aniversario de la UCJC, puso el foco en los desafíos globales que marcarán el futuro. Entre ellos destaca la sensación de inestabilidad creciente: según el estudio, los ciudadanos experimentan la impresión de vivir crisis sucesivas, un clima que se traduce en una confianza “muy débil” en la capacidad de los poderes públicos para protegerles de estos riesgos.
La preocupación por una posible “policrisis” -la confluencia simultánea de múltiples amenazas- ha aumentado respecto a 2024. El cambio climático continúa encabezando el ranking de riesgos desde 2018, salvo durante la pandemia, seguido por las amenazas a la seguridad, el terrorismo, la ciberseguridad, los movimientos sociales, la inestabilidad geopolítica y los riesgos asociados a la inteligencia artificial y los big data. España es además el único país europeo cuya población sigue incluyendo las pandemias entre las amenazas prioritarias.
El estudio también refleja que los avances tecnológicos generan cada vez menos esperanza entre la ciudadanía. Los expertos advierten de que estos desafíos emergen con gran rapidez y que los riesgos globales están cada vez más interconectados: el 77% de los especialistas cree que se necesitan soluciones transversales y holísticas, frente al 57% de la población general. En España, estas cifras ascienden al 83% y al 58%, respectivamente.
Otro de los ámbitos donde la preocupación es mayor es el demográfico. Tanto los expertos como la ciudadanía consideran que, en los próximos diez años, España podría enfrentarse al colapso del sistema público de pensiones (lo cree el 92% de los expertos y el 79% de la población), al aumento de los costes sanitarios y al incremento del aislamiento social de las personas mayores. Los encuestados identifican también la lengua, la dieta, las tradiciones y los valores culturales como factores de cohesión, mientras que la política y las creencias religiosas aparecen como elementos divisores.
Pese a la percepción generalizada de fractura, la encuesta muestra un apoyo significativo a la democracia. Menos del 30% de los participantes cree que sería necesario un gobierno fuerte con menos democracia para tomar decisiones más eficaces, y siete de cada diez consideran que la libertad de expresión debe mantenerse intacta incluso si permite la difusión de opiniones extremas.
Tras la presentación de los resultados, especialistas como Gonzalo Fanjul y el doctor Juan Abarca debatieron en la UCJC sobre los desafíos de cara a 2050 junto a profesores, estudiantes y periodistas. El rector de la Universidad Camilo José Cela, Jaime Olmedo, anunció que en 2026 se celebrarán nuevos encuentros sobre retos como la carrera espacial, la robotización o los cambios culturales asociados a los conceptos de felicidad, amor y realidad.
Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK, recordó que “las instituciones educativas nacieron para educar en la certeza, y ahora nos movemos en lo contrario”, un desafío que obliga a repensar la misión formativa. Olmedo cerró el acto subrayando que “ha llegado el tiempo de las obviedades” y llamando a “reconectar con la Verdad, la Belleza y la Bondad”.


