Global Education Forum: ‘Diseñando una universidad apta para el Tercer Milenio’

¿Cómo tiene que ser la universidad del futuro? Esta es la gran pregunta y el gran reto. ¿Qué tipo de universidad será la adecuada para el tercer milenio? Sin duda, será una universidad abierta, de aprendizaje continuo, que utilice todas las herramientas que la tecnología, una educación superior personalizada con más creatividad y emprendimiento.

Moderados por Karen Sibley, Emeritus Dean, Brown University School of Professional Studies & VP of Strategic Initiatives, los encargados de analizar y dialogar sobre la universidad del futro fueron

Andrés Pedreño Muñoz, President at 1MillionBot, Marc Prensky, Founder at The Global Ministry of Empowerment, Accomplishment and Impact; Ian Dunn, Provost at Coventry University; Paul Kim, Associate Dean & CTO at Stanford University; Jane Larsson, Executive Director at Council of International Schools (CIS), y Rafael L. Bras profesor and former Provost, Georgia Institute of Technology.

La educación superior necesita reinventarse, esa es una realidad y un debate sobre el que se trabaja desde hace más de 30 años.  Según Ian Dunn, en los años 70 del siglo pasado ya se hablaba de la necesidad de evolucionar de una universidad de élite a una educación superior masiva. Se ha vivido un largo periodo de transición y ahora se tiene que llegar a una democratización de la universidad.  Y esa democratización solo llegará de la mano de la tecnología, de la pedagogía del aprendizaje continuo y de la posibilidad de hacer ese aprendizaje en remoto, desde cualquier lugar.  Pero también son necesarias grandes dosis de experimentación y muchas oportunidades para la conversación. Ahora existe la posibilidad de crear conversaciones con alumnos y con profesores de todo el mudo. Y se han de aprovechar esas conversaciones para incluirlas en el modelo, hay que liberar el aprendizaje para que se adecúe al ritmo de la persona que está aprendiendo.

Precisamente sobre esa adecuación al ritmo personal incidió Andrés Pedreño. A su parecer, si la educación superior fuera más personalizada y más acorde a las capacidades de cada alumno, se aumentaría la retención estudiantil, un gran reto frente al numeroso abandono actual. Este reto, junto al de una necesaria mayor empleabilidad universitaria y al de una educación permanente, requieren más dosis de creatividad, de emprendimiento, una hibridación de saberes y conocimientos para los que los recursos computacionales y la inteligencia artificial ofrecen herramientas y soluciones. El potencial de las herramientas tecnológica es una oportunidad única para construir una universidad más innovadora, más personal. Nos permitirá innovar a la velocidad que la sociedad exige.

También para Jane Larsson la tecnología es fundamental. Todas las universidades están interesadas en llevar a los alumnos a sus campus, pero no son conscientes de los problemas que cada alumno tiene como individuo, con toda su complejidad. En su calidad de representante del CIS, Larsson ha visto cómo desde los colegios se hablaba de las dificultades, pero no las compartían entre ellos y, mucho menos, con las universidades. Como consecuencia, se ha producido un gran retraso a la hora de formar a los alumnos como ciudadanos del mundo. Es necesario crear comunidades globales que ofrezcan un respaldo desde el primero hasta el último eslabón de la educación.

Por su parte, Rafael L. Bras, reiteró la necesidad de una educación profesional y continua, “desde la cuna hasta la tumba”. No hay que compartimentar la educación, debe durar toda la vida. Es necesario conocer las demandas del mundo, cómo va cambiando la naturaleza del trabajo, cuestionarse lo que se hace, por qué se hace y para quién se hace y adecuarse a todo ello. Sin olvidar dar voz a los alumnos que quieren tener un papel importante en su educación, y que su educación tenga relevancia social, contribuya al desarrollo económico y favorezca la sostenibilidad medioambiental.

El alumno debe ser el protagonista, pero para Marc Prenski casi hemos perdido la oportunidad de vincular también toda la educación superior al aprendizaje. Los profesores tienen que vivir un proceso de educación permanente. Han de interiorizar que su papel no es solo el de enseñar, todos tenemos que aprender.

En este momento del debate y de la exposición sobre las necesidades de la educación superior, Karen Sibley, introdujo una nueva pregunta a los participantes, ¿qué aspectos claves determinarán la universidad del futuro?

Entre todas las intervenciones se mencionaron las características que deberá tener esa universidad del futuro: Universidad de gran acceso;  educación accesible; educación asequible; aprendizaje continuo;  especialización; visión global de la enseñanza teórica y  práctica; aprendizaje  virtual y presencial conjunto; uso de la Inteligencia artificial para la automatización de proceso para la  gestión, para conseguir una mayor retención de estudiantes;  mayor calidad docente conseguida a través del conocimiento de datos y de la individualización; modelo sostenible; compromiso social; mentalidad propicia a la tecnología para el tratamiento y generación de data; compromiso hacia el aprendizaje permanente y de expansión del conocimiento. En definitiva, una educación superior que haga de la universidad una experiencia de vida.