El futuro del aprendizaje: el currículum de 60 años y la vida de 100 años

“La vida se alarga, las exigencias varían, las formas de aprender y trabajar evolucionan y el mundo se enfrenta a desafíos como la lucha contra el cambio climático o la revolución demográfica. En este entorno que, además, es permanentemente variable, ¿cuál es el futuro del aprendizaje?”. Con estas premisas comenzaba el debate en el que, moderados por Stavros N. Yiannouka, CEO de WISE en Qatar Foundation, participaron Albert Triola, vicepresidente de Oracle Spain; José Santamans Caballero, director de proyectos de Digital Skills School; Rafael Navarro, CEO de Inndux Digital Group; Salvador Medina, CEO y cofundador de VALHALLA®; Stephen Heppell, director de la Cátedra Felipe Segovia de Innovación en el Aprendizaje de la Universidad Camilo José Cela, y Vikas Pota, fundador de T4 Education.

El profesor Heppell fue el primero e intervenir para mostrar la realidad que el observó durante los meses más duros de la pandemia. El impacto fue brutal y las previsiones teóricas se orientaban hacia un parón educativo. Sin embargo, según avanzaba la pandemia se veía algo muy diferente. Los estudiantes se centraron en un objetivo y lo persiguieron, no se marcaron ritmo, pero fueron a por él.  La estratificación por edad se eliminó. Todo se hizo colaborativo. El aprendizaje salió de las estructuras, de las cajas donde estaba, y disminuyeron los obstáculos y muros. “El aprendizaje se ha hecho global, los alumnos se han involucrado con el mundo que les rodea y el conocimiento se ha repartido gracias al impacto de la tecnología y la caída de los costes”, ha afirmado Heppell, que desde su punto de vista, aunque esto se ha producido durante la pandemia, ya se ha convertido en el presente y en el futuro de la educación. De esta disrupción ha nacido una nueva ‘generación dorada’ en la que cada individuo es resiliente, innovador, y todos colaboran y trabajan en la misma dirección para ayudar.

Vikas Pota, en línea con las palabras de Heppell, quiso poner de relieve las diferencias que la nueva realidad va a ocasionar en los diferentes países del mundo. En Asia y África se está produciendo un gran movimiento en el que muchos jóvenes se están incorporando al aprendizaje, pero ¿qué capacidad tienen los estados para ofrecer esa enseñanza? “En el Manifiesto de educación frente a la crisis climática se ha reconocido que la educación es uno de los cimientos fundamentales para cualquier desarrollo. Pero aquí surge un nuevo punto de desigualdad entre países. Además de la lentitud generalizada para comprometerse con la lucha contra el cambio climático, los países industrializados ponen freno a las economías emergentes”, ha aseverado.

Ante el conocimiento de estos y otros problemas a los que se enfrenta la educación, Stavros N. Yiannouka planteó una cuestión práctica: “¿cómo evitamos los errores que se han cometido en los últimos 20 años?”.

Para Salvador Medina, “el aprendizaje permanente es clave“. “Desde los 3 a los 80 años hay que adaptarse y aprender continuamente. Y hay que modificar la educación. Ahora lo que piden los estudiantes es que su formación tenga impacto social, favorezca la sostenibilidad y que les permita devolver a la sociedad lo aprendido”, ha opinado Medina.

Para Albert Triola, hasta ahora se estudiaba para encontrar un trabajo, el trabajo para toda la vida. “Hoy ya no hay un trabajo para siempre. Por eso hay que mantenerse en permanente adaptación y para ello hay que desarrollar la curiosidad día a día y para siempre. Nuestro trabajo es desarrollar el nivel de curiosidad. Curiosidad hacia el aprendizaje. Así nos adaptaremos a todas las circunstancias y asimilaremos cualquier tecnología que surja”, ha indicado.

“Otro elemento fundamental para afrontar el futuro es la diversidad. Se necesitan grupos diversos, diversos en género, diversos en perfiles. Y, por último, pero no menos importante, es necesario conectar el mundo educativo con el mundo corporativo, empresarial”, ha añadido.

Por su parte, José Santamans no quiso hacer proyecciones de futuro, pero si analizar el pasado. “Se ha producido un cambio de paradigma, una revolución. Ha llegado la universalización a la educación universitaria en todo el mundo y cada vez hay más titulados universitarios. Pero ¿esta titulación tiene una vigencia permanente? ¿Tiene sentido que un título universitario obtenido hace 20 años tenga la misma validez que uno que se consiga mañana? No. Es necesario un reciclaje, una adaptación. Las certificaciones se tienen que renovar, se tienen que actualizar. Por eso es fundamental que las universidades y las empresas mantengan una relación permanente. La universidad debe meterse en la empresa y facilitar que el estudiante que llega a la compañía tenga la formación que se necesita y que el ya trabajador siga formándose. Incluso debe cocrear junto a la empresa itinerarios formativos específicos que se mantengan actualizados. Debe ser un motor de aprendizaje permanente”, ha reflexionado Santamans.

En este punto, surgió una nueva pregunta: “Si se tiene tan claro lo que hay que hacer, ¿por qué va tan lento el proceso? ¿Cuáles son los obstáculos?”

La capacidad de los estados es uno de ellos. Porque de ellos es la responsabilidad de fomentar la educación y promover que la universidad cumpla su misión de formar permanentemente.  Hay que asumir reformas educativas que fomenten experiencias personalizadas que se escalen a bajo coste.

La formación continua es la nueva normalidad y la universidad se debe adaptar. Pero para Heppell el principal problema es que no se aprovechan las oportunidades, y pone como ejemplo a una psicóloga que utiliza para su trabajo la herramienta Tik Tok y que ya cuenta con 21 millones de seguidores. Se está produciendo una reinvención del trabajo naturalmente. Las oportunidades están ahí y solo hay que cogerlas. Los visionarios son los que permanecen, son los resilientes, son los supervivientes, y eso incluye la educación.

Hasta ahora las instituciones educativas se habían apropiado de las normas, de las reglas. Ahora el aprendizaje está en todas partes, y durante toda la vida. La educación solo es un trocito. La innovación está presente en cada parte de la vida. Por eso hay que crear la necesidad de aprender continuamente, de sentir curiosidad y de crecer cada día. La universidad debe acompañar en ese camino. Hay que encontrar la forma de captar aprendizaje real y pensar en un continuo, en un currículo de aprendizaje a 60 años vista.