Un panel de expertos en calidad del aire reflexiona sobre cómo serán las aulas del futuro

La mala calidad del aire puede afectar al aprendizaje. A veces se relaciona con alergias, catarros o cansancio. Hasta ahora ha sido un riesgo desconocido, pero es un tema en el que los investigadores llevan trabajando mucho tiempo y que ahora, con la pandemia del covid, se plantea como un tema prioritario en los entornos de aprendizaje.

En el webinar ‘Aerosoles en espacios educativos’, organizado por el director de la Cátedra Felipe Segovia de Innovación para el Aprendizaje de la Universidad Camilo José Cela, Stephen Heppell, han participado también Ricardo Díaz, director General de Universidades y Enseñanzas Artísticas Superiores de la Comunidad de Madrid y decano del Colegio de Químicos de Madrid y Catedrático de Ingeniería en UDIMA; Philomena M. Bluyssen, catedrática de Medio Ambiente Interior de la Universidad Tecnológica de Delft, Países Bajos, Jarmo Kesanto, director de KSG Health Ltd en Reino Unido, Brendon Shaw y Neil Lyons de Azura Engineering, Reino Unido.

Desde un punto de vista científico, los ponentes explicaron las conclusiones de las investigaciones más recientes sobre cómo se extiende el covid-19 por el aire con los aerosoles, cuáles son las condiciones óptimas para su propagación y también cuáles son los elementos que, a día de hoy, conocemos para limitar su expansión.

El debate no solo se centró en las medidas cortoplacistas que, según estos expertos, se debería tomar en los espacios interiores como aulas u oficinas, sino que a su juicio, “esta crisis ha traído consigo la atención sobre la calidad del aire que inhalamos, y con ello, también otros contaminantes del aire y cómo nos afectan” por lo que “no solo deberíamos tener en cuenta la ventilación, sino también cómo debemos ventilar en determinadas situaciones, en espacios interiores que contienen a muchas personas en prolongados espacios de tiempo. Está claro que abrir la ventana no es una forma infalible de ventilar, hacen falta soluciones mixtas de sistemas naturales y mecánicos flexibles y que ofrezcan distintas opciones dependiendo de cada momento”.

La importancia de medir la calidad del aire

Los expertos estuvieron de acuerdo en que las aulas deberán contar con dispositivos de medición de calidad del aire “para intentar determinar cómo se mueven los flujos de aire. Estos deben monitorizar diferentes zonas, no se pueden poner en un lugar donde el aire está estancado, hay que cubrir todo el espacio”, según Jarmo. “Desde luego, es importante el lugar donde te sientas en clase”, subrayó Stephen Heppell.

Además, ya hay evidencias científicas sobre cómo deberían colocarse dentro del aula. “Recientemente hemos hecho unos estudios y depende del régimen de ventilación de la sala, hemos descubierto que para no perturbar a los niños es mejor ponerlo en una pared al otro lado de la ventana, a 1,1 y 1,6 metros, y a ser posible en una zona ventilada, cerca de la zona del profesor. Hemos visto concentraciones de CO2, con una diferencia de hasta 300 pp entre los valores más bajos y altos. En sí mismo el CO2 no es peligroso, pero al menos en entornos como un aula, no es recomendable que los sensores estén cerca de una persona que respira” ha explicado Philomena.

Los expertos plantearon que a largo plazo seguramente habrá dispositivos autónomos para filtrar el aire en espacios cerrados, habrá que ver si por ley, algo que sería una solución a largo plazo. En el caso de los espacios educativos, se deberían priorizar espacios como comedores, zonas de café, bibliotecas o pasillos. También habría que plantear que los sistemas de calefacción y frío no solo permitiesen subir o bajar la temperatura, sino que también mejorasen la calidad del aire que entra al edificio, a través de la depuración.