Coronavirus makers: un ejemplo de organización tecnológica dentro del caos de una pandemia

Durante los momentos más difíciles de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus en España, el colectivo maker tomo la iniciativa y comenzó a imprimir de forma voluntaria materiales de protección individual para entregar al personal sanitario.

La escasez de recursos ante el incremento exponencial e inesperado de la demanda mundial de materiales sanitarios suponía también una oportunidad para la capacidad de la tecnología de impresión 3D. Estas iniciativas se agruparon bajo el paraguas del concepto “Coronamakers” (Coronavirus Makers, 2020), entendiendo por tal un colectivo de makers y voluntarios que se organizaban para diseñar, crear y distribuir material impreso en 3D para combatir la pandemia. Esta historia, aunque reciente y conocida por todos los interesados en el mundo de la impresión 3D, plantea algunas preguntas interesantes: ¿Cómo se organizó tan rápidamente un colectivo tan disperso por todo el territorio? ¿Existía ya un asociacionismo previo que facilitó la coordinación? ¿Cómo se organizaba la comunicación entre individuos y colectivos? ¿Cómo se realizó la distribución de materiales teniendo en cuenta las restricciones del estado de alarma?

Durante las fechas de mayor actividad del colectivo, decidí hacer una encuesta con estas cuestiones. La encuesta fue distribuida entre el canal de Telegram de Coronamakers y a través de las redes sociales. Entre el 12 de abril y el 7 de mayo de 2020 se recopilaron 110 respuestas válidas. A continuación, se presentan algunos de los principales resultados. Los datos completos pueden consultarse en Figshare (Conde Melguizo, 2020) y pueden descargarse, analizarse y publicarse con libertad siempre que se respete la cita al autor y al DOI (aquí).

En primer lugar, la rápida organización del colectivo Coronamakers fue posible gracias a que ya existía previamente una red previa a la crisis sanitaria. La gran mayoría de los participantes en la encuesta se considera perteneciente a un colectivo (86,36%). Sólo un 13,65% considera su participación como una iniciativa individual.

De aquellos que se consideran parte de un colectivo, una parte ya pertenecía a un colectivo previo a la crisis sanitaria. Concretamente, un 22,11% a un colectivo maker de su Comunidad Autónoma y un 34,74% a un colectivo maker de su localidad. Existía por tanto un germen de comunidad previo antes del surgimiento del colectivo Coronamakers que facilitó la comunicación y coordinación rápida de las personas que se sumaron a la iniciativa.

En segundo lugar, la información se centralizó fundamentalmente en Telegram. No disponemos de datos para conocer las causas de la preferencia por esta aplicación de comunicación frente a otras más extendidas entre la población general, como WhatsApp o redes sociales como Facebook o Twitter. Como hipótesis, podría deberse a que esta fuera ya la forma de comunicación previa de los colectivos preexistentes.

Cabe recordar la influencia de la cultura del software libre y el copyleft en los colectivos maker (Tabarés Gutiérrez, 2018), lo que permite pensar en Telegram como la red más adecuada frente a otras alternativas. En este caso, se ha dado la opción de elegir todas las opciones utilizadas y, posteriormente, indicar la más habitual. En el primer caso, destaca la elección de Telegram como opción prioritaria, con un 94% de las respuestas. Si reducimos las posibilidades de respuesta a la opción más frecuente, Telegram desciende al 88%, pero WhatsApp desciende de manera más profunda desde el 39% hasta el 7%. Otras opciones como Twitter o listas de correo presentan un uso casi testimonial.

Por último, uno de los aspectos más interesantes de la actividad del colectivo Coronamakers fue la distribución de los materiales impresos a pesar de las restricciones de movilidad del estado de alarma.  Los grupos de voluntarios organizados han sido la opción más recurrente (50,91%). Dentro de estos grupos, 9 de cada 10 de las respuestas (89,29%) se refieren a grupos de voluntarios ajenos al propio grupo de Coronamakers, como Cruz Roja u otros grupos organizados preexistentes. En esta ocasión, también fueron las redes de voluntarios previas a la crisis sanitaria las que permitieron la rápida organización para la distribución de los materiales. Por el contrario, las fuerzas de seguridad del estado han sido seleccionadas en el 30% de los casos. Siendo un porcentaje significativo, es la tercera opción, a pesar de ser el grupo con mayor libertad de movimiento durante el estado de alarma.

Como conclusión final, se puede afirmar que la existencia de redes de comunidad maker locales y regionales previas a la crisis sanitaria, en combinación con las redes de voluntarios preexistentes, permitieron la rápida organización del colectivo Coronamakers ante una situación emergencia inesperada y sin precedentes. Debemos seguir fomentando desde la sociedad civil, las administraciones y el resto de agentes sociales implicados el crecimiento de estas redes sociales de cooperación. Solo así, en los momentos en que sea necesario su conocimiento, podremos hacer uso de él de manera rápida, organizada y eficaz.

Referencias

Conde Melguizo, R. (2020). Makers y crisis sanitaria en España. Dataset. Figshare doi:https://doi.org/10.6084/m9.figshare.12482678.v1

Coronavirus Makers. (2020). Coronavirus Makers. Recuperado el 16 de 07 de 2020, de www.coronavirusmakers.org

Tabarés Gutiérrez, R. (2018). La importancia de la cultura tecnológica en el movimiento maker. . Arbor. 194 (789): a471. https://doi.org/10.3989/arbor.2018.789n3013

Este artículo fue escrito por el profesor y director del Grado en Artes Digitales de la Universidad Camilo José Cela en la revista 3D Printing & Design. Puede leerse aquí.