El ocio virtual durante el confinamiento: de los conciertos en solitario a las cañas por zoom

Durante estas semanas de confinamiento la sociedad se ha visto obligada a una gran evolución en la manera de relacionarse. El carácter mediterráneo de la sociedad española implica la necesidad de contacto, pero, gracias a lo que se conoce como resiliencia, se ha ido adaptando a esta situación insólita. Han surgido nuevas formas de disfrutar del tiempo libre y relacionarnos con familia y amigos, obligados por las circunstancias.

El ocio y el confinamiento

En un primer momento, lo que parecía más difícil era la posibilidad de disfrutar del tiempo libre sin poder salir casa. Muchos no podíamos concebir el fin de semana sin salir a tomar algo, sin quedar con amigos, sin ir a conciertos, al cine o al teatro… Así, los más rápidos empezaron a proponer acciones que permitieran pasar ratos agradables para no tener la necesidad de salir.

Así nacieron iniciativas como el #yomequedoencasa Festival: un programa de actuaciones virtuales a través de los perfiles en las redes sociales de los diferentes artistas. Un festival muy completo que, durante tres fines de semana, dejó más de ochenta horas de música y la participación de ciento sesenta y tres artistas.

A partir de esos primeros días, se pudo observar una evolución muy interesante. Se dejó a un lado (que no olvidado) lo que se entiende como ocio y se pasó a tener la necesidad de cubrir los aspectos más afectivos, el contacto con los seres queridos. De los conciertos se pasó a lo que se podrían denominar “cañas virtuales”, con amigos y familiares: un rato divertido junto a los seres queridos.

Al igual que en nuestra antigua normalidad cada espacio físico determinaba una actividad, las diferentes aplicaciones han acabado usándose para usos diferenciados. Por ejemplo, quienes utilizan para trabajar Microsoft Teams, han utilizado otras vías (Zoom, Hangouts, Meets, Skype) para conectarse con familiares y amigos, incluso con los propios compañeros de manera informal. Una excepción sería WhatsApp, que se utiliza habitualmente tanto para el ocio como para el trabajo.

Entretenimiento o contacto virtual

Durante esta etapa se han estado combinando las quedadas virtuales con la oferta cultural disponible online. Destacan acciones como #LaLigaSantander Fest, que ha compaginado las actuaciones musicales con entrevistas o apariciones de futbolistas y otros personajes, todos desde sus casas y con un fin solidario: recaudar fondos para conseguir material sanitario.

Nuestro mundo, en cierta medida, se ha hecho más global durante el confinamiento. No está permitido viajar, pero se puede tener el mismo contacto, adaptándose a los husos horarios, con el amigo que vive a dos manzanas de nuestra casa que con el familiar que vive en la punta más alejada del planeta.

Esto también ha afectado a esa oferta de ocio virtual que, más que nunca, es una oferta mundial. Las opciones incluyen desde entrar en el Louvre parisino hasta disfrutar del festival Jersey4Jersey que, con el objetivo solidario de recaudar fondos para los más desfavorecidos, nos ha permitido adentrarnos en las casas de estrellas mundiales como Bruce Springsteen o Bon Jovi. Esto es solamente un ejemplo, pues son miles las opciones de las que se ha podido disfrutar y los eventos virtuales que se han creado con un fin solidario.

El problema de la simultaneidad

Aun con todo ello, el ocio y las relaciones sociales no terminaban de poder combinarse: precisamente porque el contenido virtual no suele consumirse “en directo”, a una hora determinada en un día determinado. Incluso redes sociales como Instagram permiten que todos sus contenidos estén disponibles durante 24 horas. Por ello, cuando se queda para hablar con la familia o los amigos, se deja el concierto de lado y se recupera al terminar la videollamada.

Esto ocurre también porque hay una sobreoferta de acciones y eventos. Si en tiempos normales el ciudadano medio acudía a uno o dos conciertos al año y visitaba tres o cuatro exposiciones, ahora son infinitas las ofertas de ocio y cultura de las que dispone, y todas ellas sin levantarse del sofá.

Un cambio de paradigma

El evento ya no es el momento por el que se regía nuestro horario, sino que lo postergamos hasta que sea buen momento para disfrutarlo. Este nuevo paradigma obliga a cambiar, ya no solo formatos, también contenidos. Y obliga a los organizadores a esforzarse aún más en ofrecer eventos que emocionen al público.

Ahora que todos somos organizadores de eventos en potencia, con nuestra capacidad para convocar videoconferencias y reuniones, los profesionales de este campo se enfrentan a un nuevo reto. Necesitamos ser capaces de crear productos que puedan comercializarse, y que consiga aunar el evento “de conexión social” con el de entretenimiento.

Por ejemplo: ¿por qué no poder disfrutar de un espectáculo de magia, de un monólogo o de un concierto a la vez que se está con amigos y familiares? Hay un sinfín de posibilidades que permiten una personalización excepcional y una capacidad de adaptación que, hasta ahora, solo podían permitirse las empresas en el ámbito corporativo.

Algo similar es lo que ha propuesto Netflix. A través de una colaboración con Google, han desarrollado una extensión para el navegador Chrome llamada Netflix Party que permite compartir contenido simultáneamente entre varios amigos en diferentes ubicaciones. El realizar la conexión con esta aplicación te asegura que el contenido se reproduce totalmente sincronizado y que ningún usuario podrá ir más avanzado y hacernos el tan temido spoiler. Además se ofrece la posibilidad de abrir un chat en vivo para poder ir comentando la película o serie que estemos viendo.

Estas circunstancias van a permitir celebrar eventos sociales muy especiales y en compañía. Casi como antes del confinamiento. Escuchar una canción y tras ella, poder comentar con un familiar, aunque esté en otra vivienda, resolver una escape room interactuando con tu equipo, o disfrutar de un monólogo mientras ves cómo un amigo lo disfruta también. Todas estas son opciones que ofrece el entorno virtual. Y que se pueden ofrecer, además, con precios ajustados, ya que los costes de producción también son menores.The Conversation

Santiago Sánchez Regadera, Profesor de Protocolo y Organización de Eventos, Universidad Camilo José Cela

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.