Un estudio de la UCJC demuestra por primera vez la relación entre la calidad de la dirección escolar y el rendimiento de los alumnos

La Cátedra de Políticas Educativas de la Universidad Camilo José Cela, dirigida por Francisco López Rupérez, ha dado a conocer las conclusiones del estudio que ha liderado junto a Isabel García García y Eva Expósito Casas, bajo el título Liderazgo de la dirección y feedback formativo. Dos pilares básicos de la gobernanza escolar. El informe, presentado en el Campus de Almagro de la UCJC, concluye que la forma de liderazgo que más impacto tiene sobre los resultados de los alumnos –y que tiene que ver con la promoción y participación en el aprendizaje del profesorado del centro y en su desarrollo–, escasamente se pone en práctica entre los directores de los centros escolares, con solo un 17,6% de los casos.

Las conclusiones del estudio evidencian que el liderazgo de la dirección en las escuelas es un elemento crítico de mejora educativa y una oportunidad para que en cada centro se pongan en práctica políticas educativas que mejoren el rendimiento de los alumnos. La práctica del liderazgo consistente en ‘Asegurar un entorno ordenado y alentador’ es la más frecuente entre los directores encuestados con un 77,1% de los casos. Según la evidencia científica, esta es la dimensión del liderazgo que tiene menor impacto en el rendimiento escolar; la de ‘planificar, coordinar y evaluar la enseñanza y el currículo’ es puesta en práctica en un 32% de los centros.

Además, se ha podido establecer en este estudio empíricamente, por primera vez en España, la intensidad de la asociación entre calidad del liderazgo y los resultados de los alumnos, que ha resultado ser de un 20%.

Este es el tercer informe que ha llevado a cabo la Cátedra de Políticas Educativas de la UCJC a partir de una explotación propia de la base de datos de PISA 2015. Estos informes han analizado el sistema, por comunidades autónomas y, en base a evidencias empíricas, han propuesto líneas de mejora para el sistema educativo español en ámbitos tales como el impulso a las vocaciones científicas a través de las materias STEAM, la inclusión escolar y la igualdad de oportunidades, o, como en este caso, el liderazgo en los centros educativos. Esta última dimensión, bajo el impulso de organismos multilaterales como la OCDE y de sólidos trabajos de investigación, se ha convertido en una prioridad de los sistemas educativos de todo el mundo por su gran impacto sobre los resultados escolares y sobre su mejora.

La desagregación de las conclusiones del informe por titularidad de los centros muestra “claramente la debilidad de los centros públicos frente a los de titularidad privada, sean estos concertados o sin concierto, en las prácticas de liderazgo de mayor impacto”.

Valores de los indicadores de liderazgo correspondientes a la muestra de España para cada tipo de centro educativo:

Un análisis de las desviaciones del indicador integrado de liderazgo efectivo LI, con respecto al valor de la muestra de España, revela diferencias notables entre las comunidades autónomas en cuanto a la calidad de este factor clave para la mejora escolar. Por otro lado, el análisis comparado del comportamiento por comunidades autónomas en materia de liderazgo escolar, pone de manifiesto que solo Canarias, Galicia, Baleares, Extremadura y La Rioja puntúan en positivo para los cuatro tipos de prácticas de liderazgo considerados.

Recomendaciones de mejora para el sistema educativo

En el apartado de recomendaciones, se propone profundizar en la profesionalización de la función directiva en los centros públicos; promover un liderazgo integrado de la dirección, tanto pedagógico como transformacional (basado en las personas); promover estrategias de liderazgo pedagógico adaptadas a la educación secundaria; impulsar la formación permanente; impulsar, recopilar y difundir las mejores prácticas de liderazgo escolar disponibles mediante plataformas digitales; apoyar el asociacionismo profesional de los directores escolares; recuperar la figura del Administrador  para atender la creciente burocracia administrativa de los centros públicos de Secundaria; e introducir una  mayor flexibilidad en la regulación de los procesos de designación de director en los centros públicos con el fin de aprovechar todo el potencial compensatorio del liderazgo de la dirección.