César García analiza la “servidumbre voluntaria” a la que las redes sociales han sometido a las personas

El profesor del grado en Comunicación de la Universidad Camilo José Cela, César Gómez Muñoz, ha escrito un artículo en el portal The Conversation, y que posteriormente ha sido difundido por la Cadena SER, en el que desgrana cuál es la influencia actual de las redes sociales en la sociedad mundial, y hasta qué punto las personas han asumido una servidumbre voluntaria ante estas redes.

El término ‘servidumbre voluntaria’ se debe, en palabras del autor, a que “el ansia de reconocimiento del ser humano tiene en las redes un potenciador que lleva, en muchos casos, a una situación de servidumbre voluntaria a las propias redes, a las cuales cedemos mucho más que nuestros datos personales”.

César García considera que otro peligro de las redes sociales es que, en ocasiones, supone un importante canal de distribución de noticias falsas, sobre todo en fechas señaladas, como las campañas electorales. “El gobierno de España cree que usted y yo estamos en riesgo de ser desinformados durante las próximas campañas electorales y ha creado una unidad específica para luchar contra las noticias falsas y su difusión en las redes sociales”, afirma en la introducción de su artículo.

Además, el profesor de la Universidad Camilo José Cela cree que las redes sociales pueden legar a ser un “arma de dominación política”, ya que “pueden ser un igualador social e incluso un arma subversiva para los más débiles. […] Por otro lado, también pueden ser una trampa que se les tiende a las masas para manipularles o hacer que renuncien a su privacidad”.

García opina que “hacer marca personal en las redes sociales se convierte en requisito indispensable para ser tratado con dignidad por los compañeros de estudios o por los colegas del mundo profesional”, por lo que “de mantener a raya nuestro afán de reconocimiento dependerá que las redes sociales puedan ser más herramientas de emancipación que de sumisión y servidumbre voluntaria”. En este sentido, el autor concluye que “la educación seguirá siendo una baza decisiva”.