La Educación Sexual es necesaria. En todas las etapas educativas y con la participación de todos y todas: profesionales de la sexología, profesorado, familias, y otros agentes sociales. El hecho sexual humano abarca a todas las personas y por eso la educación sexual habrá que educar todas las sexualidades. El plural, en esta ocasión, es absolutamente imprescindible.

Por otra parte la educación sexual no debe instalarse únicamente en la prevención porque la sexualidad no ha de verse como un peligro, ni la educación sexual como un remedio. Debemos hablar más de posibilidades que de peligros y por eso este libro es una invitación a una Educación Sexual de objetivos grandes. Contribuir a que la gente aprenda a conocerse, a aceptarse y a expresar la erótica de modo que pueda resulta satisfactoria.

Lo que ha de ser verdad tanto para hombres como para mujeres, a todas las edades, homosexuales y heterosexuales, para todo tipo de creencias, con parejas o sin ella y, desde luego, también para las personas con discapacidad. Evidentemente el plural resulta imprescindible.

Este libro camina en esa dirección y por eso trata de aportar conceptos y propuestas de trabajo acordes a la legislación y a los principios sexológicos y pedagógicos. Ejemplos que esconden claves importantes. Puentes que permiten transitar de los intereses a las necesidades.