La inteligencia vuelve a estar de actualidad en nuestro siglo. Parece que todo nuestro bienestar y la calidad de lo que nos rodea depende de que tenga ese calificativo “inteligente”. Pero hoy día no se puede hablar del término inteligencia sin asociarlo rápidamente al de emoción; y todo ello lo debemos, en gran parte, al éxito que tuvo el libro de Goleman (1995) sobre inteligencia emocional. La evidencia empírica de los últimos años demuestra los enormes beneficios de la inteligencia emocional, su contribución al bienestar psicológico general y a la salud, y su importancia como predictor del éxito personal y profesional. Aprender a educar los sentimientos sigue siendo hoy una de las grandes tareas pendientes. Partiendo de la consideración de que todos podemos fomentar y robustecer nuestra inteligencia emocional, este libro pretende dar líneas de actuación en este sentido, ofreciendo una forma de abordar y entender esa deseable educación emocional, y propiciando que se lleve a la práctica. A lo largo de sus páginas, el lector encontrará lo fundamental y el punto de apoyo necesarios para iniciar este cometido con mayor facilidad.