Si fuera 28 de diciembre muy pocos dudarían del caracter imposible de la siguiente noticia, desgraciadamente no lo es; El Diario de Cadiz informa de la denuncia formulada por la familia de un alumno de religión musulmana a un profesor de secundaria, que traería como causa hablar del "jamón" en una clase de geografía.
Lo políticamente correcto obligaría a decir que no hay que generar climas de xenofobia, que son hechos aislados, etc, etc, pero la realidad es tozuda y llevamos demasiados años viendo como los profesores son denigrados, insultados, coaccionados, cuando no agredidos, mientras las administraciones públicas miran para otro lado, eso sí, llenandose la boca en periodos electorales de la importancia de la educación y otros lugares comunes.
Es seguro que esta denuncia quedará en nada, pero también es cierto que este profesor ya ha quedado marcado, y muy posiblemente deberá enfrentarse a esa terrible situación que es la propia autocensura. Es ya conocido que la mejor forma de paralizar a alguien es denunciarlo por lo que dice o hace, aunque no tenga ningún viso de prosperar, pues los efectos que tiene sobre el afectado los meses de incertidumbre hasta que se produce la sentencia o la retirada de la denuncia suelen ser en muchos casos irreversibles.
Desde aquí apoyamos al profesor del Instituto, y sería bueno que las Autoridades exigieran a quienes presentan este tipo de denuncias las responsabilidades oportunas. Caso contrario, nuestra educación seguirá cayendo en picado, nuestros profesores seguirán desmotivándose y acomodándose a sobrevivir y, finalmente, condenaremos a las generaciones futuras a no tener muchas posibilidades en un Mundo cambiante donde el futuro ya se escribe en el Oriente.






